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EU: elecciones divididas con Trump mirando a 2020

Ha sido un voto contra la polarización incitada por Donald Trump desde que arribó a la Casa Blanca hace menos de dos años...

Ha sido un voto contra la polarización incitada por Donald Trump desde que arribó a la Casa Blanca hace menos de dos años, las más recientes elecciones intermedias en Estados Unidos han evidenciado el enorme desencanto de una parte de la población, sobre todo de mujeres y millennials, en contra de la política de la ira enarbolada por su presidente.

Una contienda para elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 senadores y 36 gubernaturas entre otros cargos locales. 

En la reconfiguración del mapa político estadunidense se logró el ascenso de las minorías al poder: la de los inmigrantes musulmanes, los indígenas, del colectivo de lesbianas y homosexuales; aunque en el camino se quedó Andrew Gillum, el primer afroamericano candidato para gobernador en Florida, finalmente derrotado por su contrincante republicano.

Que los demócratas recuperasen el control de la Cámara de Representantes obteniendo la mayoría absoluta tras ganar 28 escaños y tener 223 asientos (permanecía en control de las huestes republicanas desde 2010) es un termómetro de la opinión pública del ciudadano estadunidense promedio agotado por levantarse día a día y escuchar a su presidente vociferar amenazas tanto internas como externas dependiendo de su humor cotidiano para hacer de un tema su blanco perfecto.

Trump de carácter irascible está ahora llamado a tratar de entenderse con la oposición si es que espera que prosperen sus propuestas de ley, las reformas y enmiendas que constantemente promete que hará.

Algunos editoriales en EU consideran que menguará su poder, otros aventuran lo que pasará en el contexto más inmediato como el New York Times que digirió la nueva situación en el Congreso aseverando que  “la división se hace más profunda”. 

Quizá anticipando   una guerra de Cámaras: la alta y la baja, la primera en mayoría absoluta republicana porque en el Senado  conservaron su poderío con dos escaños arrebatados a los demócratas; y la segunda, recuperada para control demócrata lo primero que se piensa es en el bloqueo de la agenda legislativa confeccionada desde  la Casa Blanca.

James Hohmann, del Washington Post, ha intentado meterse en la piel del votante para tratar de entender por qué decidió darle más poder a Trump en el Senado y quitárselo en la Cámara de Representantes.

Tras asimilar un cambio de tendencia en el votante tradicional demócrata, Hohmann concluyó que: “Mucha gente bien calificada, profesionista que vive en los suburbios de las ciudades decidió salir a votar por demócratas como si fuese un voto de castigo a la actual administración por su trato despectivo a las mujeres y a las minorías”.

En esta elección, como nunca antes, más de 100 mujeres representantes de diversas razas, religiones, edades, grupos étnicos y colectivos LGTB lograron un escaño en el Congreso.

En especial las mujeres se movilizaron bastante en esta campaña, de hecho, algunos sondeos preliminares señalaron que las mujeres sufragaron por demócratas para la Cámara de Representantes por un margen de diferencia del 21% respecto a la opción de un candidato varón.

El factor Kavanaugh fue un lubricante: el caso de las varias denuncias por acoso sexual contra Brett Kavanaugh  dentro del movimiento #MeToo y que  a pesar de todo fue apoyado por el presidente Trump para convertirse en magistrado de la Suprema Corte de Justicia, estuvo muy presente en el ánimo de las electoras.

La interpretación  más directa de la calle es que ha sido la victoria significativa de la mesura contra la sinrazón de la violencia;  el triunfo de la cordura sobre del disparate de condenar a los que son diferentes; y de la  ensoñación con la vuelta a la unidad sobre la división social, racista y supremacista.

Aunque para el presidente Trump “es un tremendo éxito” porque al tener a su favor la mayoría absoluta en el Senado él queda blindado: no podrían prosperar una serie de iniciativas en su contra como la posibilidad de un impeachment o bien la aplicación de la Vigesimoquinta Enmienda para inhabilitarlo del poder.

Con esta potestad conserva además la atribución fácil de imponer jueces y maniobrar  en el sistema de justicia de la Unión Americana, tiene el control de la Cámara alta y con eso el poder de veto o aprobación de las leyes que lleguen desde la Cámara baja. Su atribución de dar trámite o no a las leyes es insustituible.

La ola azul fue limitada

Los demócratas hablaron de “la ola azul” para invitar a la gente a manifestarse en las urnas por la persecución migratoria, por los escasos efectos en sus bolsillos de la política fiscal recientemente aprobada que devuelve beneficios fiscales a los corporativos; y por la arisca política proteccionista comercial que va pasando factura en diversos productores locales afectados por las distorsiones en los aranceles.

Esos tres factores movieron todo el tiempo las campañas, en una de las elecciones  más criticadas por su elevado costo: 5 mil 190 millones de dólares en gastos de proselitismo, nada más para el Congreso, según datos del Centro para una Política Responsable.

Y en una de las elecciones con mayores incidentes, desde la caída por más de cuatro horas de las máquinas electorales en Atlanta, hasta la falta de papeletas para sufragar en Virginia.

Todo fue raro en esta contienda desde el principio hasta el final: en las últimas tres semanas sendos telegramas bombas fueron enviados a distintas personas conocidas por su oposición a Trump, entre éstas políticos destacados como el ex presidente Barack Obama y la ex candidata demócrata Hillary Clinton.

El FBI detuvo a  Cesar Sayoc como autor de 13 paquetes bomba dirigidos tanto al Partido Demócrata como a varios de sus políticos y otras personalidades contrarias al actual mandatario.

En Pittsburgh,  un hombre armado entró a una sinagoga  y disparó contra la gente  congregada para la oración asesinando en el acto a 11 personas;  otro acto de violencia extremista sucedió en Kentucky, un joven encolerizado asesinó a dos personas negras argumentando que “blancos no matan a blancos”.

A esa crispación soplando como el viento húmedo de otoño se añadió un componente inesperado: repentinas caravanas de inmigrantes desde Honduras, Guatemala y El Salvador con miles de personas, familias enteras, unidas marchando hasta alcanzar la división de México con EU con la finalidad de solicitar refugio o asilo allende las fronteras. 

Trump incluso ordenó desplegar 5 mil efectivos del ejército en la frontera con México y afirmó que dispararían a la turba de inmigrantes si éstos les amedrentaban con piedras… unos días después lo corrigió.

El mundo inquieto por elecciones en EU

Pocas veces en las últimas décadas unas elecciones no presidenciales habían levantado tanta polvareda ni provocado, como causa de debate, tantas posiciones yuxtapuestas.

He tenido la oportunidad de dialogar al respecto con dos especialistas  para intercambiar opiniones al respecto de lo acontecido. Para Patrick Watson, la Unión Americana puede caer en una fase “gridlock” que significa “nada se mueve” dado que los demócratas en el Congreso “no pasarán ninguna legislación que Trump quiera” y justo el Senado hará todo  lo contrario “detendrá cualquier cosa que los demócratas quieran”.

En la opinión del editor en jefe de Mauldin Economics, tarde o temprano tendrán que ponerse de acuerdo –ambas Cámaras- para que prosperen algunas leyes y reformas pero “no se esperan grandes cambios en los próximos dos años”.

Por su parte para Michael Bess, experto del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), se abre la esperanza de que la Cámara de Representantes en manos demócratas  al final detendrá algunos de los contenidos de la agenda de Trump: “Como la construcción del muro fronterizo”.

Aunque el investigador del CIDE confió en que  los demócratas y Trump encontrarán algunos puntos de acuerdo en materia política, “de alguna forma limitada, como acordar en algunos beneficios médicos para la gente”.

Una de las más grandes expectativas se abre con el tema del fiscal especial Robert Mueller, en cuanto a la injerencia ruso-electoral, si bien la posibilidad de un impeachment es un esfuerzo inútil, aseveró Watson, dado que los demócratas no cuentan con los votos suficientes del Senado para remover a Trump: “Si bien eso no implica que no profundizarán en las investigaciones del tema; yo creo que la investigación continuará de alguna forma”.

Con la misma opinión, Bess consideró que todo lo que podrá hacer Mueller es dar pruebas y recomendaciones al Departamento de Justicia buscando que se abra un proceso judicial.

¿En qué se benefician las relaciones internacionales de EU con la victoria demócrata? Para Watson: “No se esperan grandes cambios en la política internacional. En nuestro sistema el presidente tiene un amplio poder en la política internacional y la Cámara de Representantes puede hacer poco para detenerlo. La guerra comercial de Trump y sus constantes insultos a nuestros aliados muy probablemente continuarán”.

En la postura de Bess es bastante limitado el efecto: “Ellos serán más capaces de investigar cualquier conexión entre la campaña de Trump y países externos como Rusia. Los demócratas podrían también votar algunas resoluciones a favor  del cambio climático, aunque, desde luego que necesitarán el apoyo del Senado”.

En cuanto a México, ¿cómo le beneficia una mayoría demócrata en la Cámara de Representantes? Watson cree que el nuevo acuerdo comercial para sustituir al  Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) rebautizado ahora como USMCA, por sus siglas en inglés, podría encontrarse en problemas porque necesita ser ratificado por los respectivos congresos.

“No sabemos si pasará o no pasará en el Congreso yo no creo que los demócratas quieran darle a Trump una victoria. Eso afectaría a la economía de México pero la esperanza es que termine sobreviviendo el viejo NAFTA”.

En cambio, Bess apunta más bien a que se verán algunos cambios positivos, por ejemplo, en cuanto al tema de la militarización de la frontera así como en la propuesta de construir el muro.

¿Qué lecciones ha sacado la ciudadanía estadunidense de estas elecciones? ¿Esta la sociedad tan dividida como pensamos? En opinión de Watson, la sociedad americana está mucho más dividida “de lo que yo he visto en mi vida”.

“La política está rompiendo núcleos de amigos e inclusive de familias. Trump lo está haciendo mal y yo anticipo que lo hará mucho peor en su discurso de confrontación para las elecciones de 2020”, aventuró el especialista de Mauldin Economics.

Como catedrático del CIDE,  Bess apunta en la misma dirección, la de un Congreso dividido para un país dividido: “La victoria demócrata es una forma poderosa de repudiar al presidente Trump como ha sucedido en los votantes de las ciudades y de los suburbios. Las áreas metropolitanas con concentraciones de personas votaron en contra de él mientras que las áreas rurales le apoyaron”.

Aún con los resultados  en la Cámara baja la mayoría de los expertos dan por descontado que Trump obtendrá la reelección en su momento, para Watson y Bess, el mandatario es muy popular en las áreas rurales especialmente  en el medio oeste y en el sur.

El escritor Cas Mudde también concuerda que “sería una tontería analizar que las intermedias fueron una mala noche para Trump”, considerando que varios de sus candidatos con el discurso más extremista ganaron, “como Katie Arrington, Brian Kemp y Ron DeSantis”.

Llegados a la hora de la verdad, ¿quién podría disputarle a Trump la Presidencia en 2020? Watson afirma que John Kasich, actual gobernador de Ohio y republicano intentará ser candidato a las presidenciales.

“Sin embargo, Trump lo será como él quiere, pero el proceso será bastante feo. Y por el lado demócrata podrían ser candidatos el senador Cory Brooker, Kamala Harris and Amy Klobuchar, Joe Biden o hasta John Kerry”, apuntó Watson.

Para Bess la contrincante demócrata podría ser Elizabeth Warren, de Massachusetts “ella podría dar un mensaje económico fuerte, ella es progresista, pero no radical y es muy bien aceptada en el partido demócrata”.

La aritmética de Trump le hace ganador

Hay que tomarse con reserva los resultados de estas elecciones intermedias, si bien son una examen de los casi dos primeros años de gobierno de Trump, es una costumbre que el partido que gobierna merme en la Cámara de Representantes.

De acuerdo con la explicación de Gallup: “El partido gobernante en Estados Unidos ha perdido puestos en la Cámara de Representantes en prácticamente todas las elecciones de mitad de período desde 1946”.

Hay algunas variaciones dependiendo del grado de aprobación de la ciudadanía hacia el presidente que la encuestadora explica observando la tasa de aprobación de la que goza el mandatario: “Cuando se ha ubicado  por encima del 50% ha perdido en promedio 14 escaños pero cuando ha estado por  debajo del 50% la merma ha sido de 37 escaños”.

Consciente de ello, el inquilino de la Casa Blanca sabe que todavía la aritmética política juega a su favor en miras de buscar una relección como ya ha anticipado con un su slogan “Keep America Great”.

Para él y su equipo cercano lo imprescindible era no perder el control del Senado y reafirmarse en estados electoralmente claves en unas elecciones presidenciales.

Lo sabe y ya lanzó dos embestidas unas cuantas horas después del conteo electoral, muy temprano por la mañana del 7 de noviembre pasado tuiteó que: “Si los demócratas piensan que ellos van a desperdiciar el dinero de los contribuyentes en la Cámara de Representantes con sus investigaciones, entonces ellos se verán forzados a aceptar también ser investigados por el Senado por sus nexos que permanecen en información clasificada, y mucho más. Dos pueden jugar este juego”.

La otra, unas horas después de su tuit, destituyó (renunció por petición de Trump) Jeff Sessions, el fiscal general del Estado, a quien Robert Mueller, fiscal especial para la investigación de la injerencia rusa en las elecciones presidenciales a favor de Trump en 2016, le ha citado varias veces para escuchar su declaración al respecto. 

Trump intentará a toda costa evadirse de la investigación y salir lo más indemne posible, sabe bien que no está políticamente muerto y utilizará todas sus artimañas  intimidatorias con miras a sus ambiciones personales.

Él sabe que hay veintidós estados claves, los diez primeros son fundamentales para ganar las presidenciales por el sistema de conteo de votos de acuerdo con los colegios electorales, dado que por estado, cada uno aporta un número de votos: California (55), Texas (34), Nueva York (31 votos), Florida (27 votos), Illinois (21 votos), Pensilvania (21), Ohio (20 votos),  Michigan (17 votos), Carolina del Norte (15), Georgia (15 votos), Massachusetts (12 votos), Virginia (13 votos), Washington (11 votos), Missouri (11 votos), Tennessee (11 votos), Arizona (10 votos), Wisconsin (10 votos), Minnesota (10 votos), Indiana (11 votos), Luisiana (9 votos), Alabama (9 votos), y Colorado (9 votos); entre otros.

En las elecciones de noviembre de 2016, de los estados con mayor peso específico de votos ante el colegio electoral, Trump no ganó en los estados de Washington, California, Massachusetts, Colorado, Minnesota, Illinois, Nueva York y Virginia. Pero ganó en todos los demás estados con mayor peso específico ante el colegio electoral.

¿Qué estados cuyas gubernaturas se renovaron en  las pasadas elecciones intermedias cedieron los republicanos? Los demócratas ganaron en las gubernaturas de Wisconsin, Kansas, Maine, Michigan, Illinois y Nuevo México, Nevada. Se quedaron paladeando la victoria que casi consiguen en Florida y en Georgia. 

Ahora bien, los únicos tres estados que  Trump ha perdido en el conteo de votos que lo llevaron al poder, como área de su  influencia, son:   Wisconsin, Michigan y Kansas; prácticamente sigue siendo republicana una amplia base de estados… Michigan en el colegio electoral aporta 17 votos, Wisconsin 10 votos  y Kansas 6 votos y eso lo sigue haciendo fuerte para conseguir una reelección.

Desde el epicentro del poder en Washington, el magnate se siente reivindicado acostumbrado a hacer “limonada con los limones” e inclusive a hacer marketing con sus triunfos o fracasos. Él ya recurrió a  la aritmética, con el resultado electoral del pasado 6 de noviembre, bien puede reelegirse por cuatro años más.

Tiene sus bastiones fuertes: en Texas se reafirmó el gobierno republicano y  Ted Cruz logró conservar su escaño en el Senado mientras en Florida, Ron DeSantis, derrotó al candidato afroamericano demócrata para la gubernatura.

Es decir, sería erróneo interpretar políticamente hablando que Trump está derrotado, es más muchos ya empiezan a dar por descontado su posible reelección y que se quede en el poder por ocho años.

Claudia Luna Palencia. Economista especializada en periodismo económico y análisis geoeconómico

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