Por: Gerardo Castro Vázquez
Con la nueva reforma a la Ley Aduanera, queda claro que las autoridades mexicanas están buscando frenar el contrabando técnico hacia nuestro país. Esto, mediante medidas coercitivas como cancelaciones, multas excesivas, vigilancia e inicio de facultades de comprobación a regímenes aduaneros como el de manufactura IMMEX, recintos fiscalizados estratégicos M3, tránsitos, etcétera.
Con ello, se espera que los importadores que realizan malas prácticas, como la subvaluación o la introducción de mercancías que incumplen cualquier regulación no arancelaria, lo piensen dos veces antes de omitir algún requisito impuesto y previsto por la norma. Sin embargo, me surge la pregunta: ¿Esto, a largo plazo, será sostenible?
La verdad, y remontándonos a la historia del comercio, opino que no lo será. Esto debido a que la aplicación de una ley inflexible y con una regulación tan exagerada puede convertirse en un caldo de cultivo para el contrabando bronco, ya que, al no encontrar salida a las mercancías que se importan de manera aparentemente legal y que se encuentran irregulares dentro del país, es probable que quienes hacen uso de estas prácticas busquen alternativas ilegales para continuar introduciéndolas. Con ello, regresaríamos a la década de los setenta y ochenta, cuando aún no existían los tratados de libre comercio con los que hoy contamos como país.
“En el futuro, habrá que buscar un modelo más flexible que permita a las autoridades castigar a los verdaderos defraudadores y no dar el mismo trato a quien comete un error, colocándolo en la misma canasta que a un delincuente de cuello blanco”
Estoy convencido de que reformar la Ley no es la respuesta; por el contrario, se necesitan tomar medidas integrales contra el contrabando técnico y el contrabando bronco al mismo tiempo. Asimismo, considero que el libre mercado, la facilitación comercial y una reducción de impuestos que haga más equitativo el comercio entre países representan una mejor respuesta para combatir este problema y fomentar las operaciones de comercio exterior.
En el futuro, habrá que buscar un modelo más flexible que permita a las autoridades castigar a los verdaderos defraudadores y no dar el mismo trato a quien comete un error, colocándolo en la misma canasta que a un delincuente de cuello blanco.
En fin, hoy por hoy esta nueva ley es lo que hay, y habrá que ajustarnos para cumplir de la mejor manera posible. Espero equivocarme y que, en efecto, se frene el contrabando y se proteja al mercado nacional, tal como es su objetivo.